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Los Pasajes Parisinos

Había 150 en París en los años 1850 y actualmente sólo quedan unos veinte. Los parisinos pasan por estos famosos pasajes cubiertos por casualidad o por necesidad y también cuando desean encontrar un atajo, pero casi siempre por placer,

En su mayor parte se encuentran en la orilla derecha del Sena, cerca de los Grandes bulevares. Antepasados de las galerías comerciales, a finales del siglo XVIII, se crearon para resguardar a los burgueses de la capital durante sus compras. A menudo servían como lugar de espera para los coches de punto o las diligencias, motivo por el que pueden verse numerosos relojes.

Amantes de las antigüedades, de los pequeños salones de té, coleccionistas de todo tipo, los pasajes parisinos están hechos para ustedes. También encontrarán puristas, ya que los que eligen instalar allí su tienda por lo general son los enamorados de sus oficios... para mayor felicidad de los más estetas.

Paradoja, los pasajes parisinos son lugares fuera del tiempo y, sin embargo, siempre “actuales” ya que frecuentemente los creadores de moda instalan allí su primer show room. Pueden ser elegantes, majestuosos y también decadentes... finalmente son el reflejo de una época olvidada y siempre se respira un perfume obsoleto.

Entre los más refinados, citaremos sin lugar a dudas: la Galerie Vivienne que tiene tres entradas, una en la rue Vivienne, otra en la rue des Petits Champs y, por último, otra en la rue de la Banque. La llegada de Jean-Paul Gaultier en 1986 la consagró definitivamente como lugar destacado de la moda parisina. Pero como una gran señora sigue siendo muy chic y tranquila.

Justo al lado, el competidor de la Galerie Vivienne, el Passage Colbert. Menos comercial pero muy lujoso, fue comprado por la Biblioteca nacional de Francia y alberga numerosas instituciones vinculadas con la cultura y el arte. En su extremo, el típico café-restaurante parisino el Grand Colbert, donde no dejará de ir a cenar.

Con el entramado diagonal de su embaldosado negro y blanco, el passage Verot Dodat da una ilusión de profundidad, y también debe visitarse. Una de sus entradas se encuentra en el 19, rue Jean-Jacques-Rousseau. Totalmente restaurado en 1997, es el más encantador de los pasajes cubiertos de París.

Terminaremos por el más antiguo, el de Panoramas que comunica los Grandes Bulevares y la Grange Batelière. Se beneficia de la luz del día gracias a su gran cristalera y sigue siendo la referencia de los filatelistas.

Los otros, como el pasaje Verdeau, el del Grand-Cerf, el Molière, el Vendome... tienen su personalidad, su encanto y su clientela.

Los pasajes parisinos, estos pequeños agujeros entre los edificios conservan todo su misterio... la prueba es que muy astuto tiene que ser el que sepa decir dónde comienzan y dónde terminan... ¡usted tiene que descubrirlo!


Contenido del vídeo: Los Pasajes Parisinos

Había 150 en París en los años 1850 y actualmente sólo quedan unos veinte. Los parisinos pasan por estos famosos pasajes cubiertos por casualidad o por necesidad y también cuando desean encontrar un atajo, pero casi siempre por placer,

En su mayor parte se encuentran en la orilla derecha del Sena, cerca de los Grandes bulevares. Antepasados de las galerías comerciales, a finales del siglo XVIII, se crearon para resguardar a los burgueses de la capital durante sus compras. A menudo servían como lugar de espera para los coches de punto o las diligencias, motivo por el que pueden verse numerosos relojes.

Amantes de las antigüedades, de los pequeños salones de té, coleccionistas de todo tipo, los pasajes parisinos están hechos para ustedes. También encontrarán puristas, ya que los que eligen instalar allí su tienda por lo general son los enamorados de sus oficios... para mayor felicidad de los más estetas.

Paradoja, los pasajes parisinos son lugares fuera del tiempo y, sin embargo, siempre “actuales” ya que frecuentemente los creadores de moda instalan allí su primer show room.
Pueden ser elegantes, majestuosos y también decadentes... finalmente son el reflejo de una época olvidada y siempre se respira un perfume obsoleto.

Entre los más refinados, citaremos sin lugar a dudas: la Galerie Vivienne que tiene tres entradas, una en la rue Vivienne, otra en la rue des Petits Champs y, por último, otra en la rue de la Banque. La llegada de Jean-Paul Gaultier en 1986 la consagró definitivamente como lugar destacado de la moda parisina. Pero como una gran señora sigue siendo muy chic y tranquila.

Justo al lado, el competidor de la Galerie Vivienne, el Passage Colbert. Menos comercial pero muy lujoso, fue comprado por la Biblioteca nacional de Francia y alberga numerosas instituciones vinculadas con la cultura y el arte. En su extremo, el típico café-restaurante parisino el Grand Colbert, donde no dejará de ir a cenar.

Con el entramado diagonal de su embaldosado negro y blanco, el passage Verot Dodat da una ilusión de profundidad, y también debe visitarse. Una de sus entradas se encuentra en el 19, rue Jean-Jacques-Rousseau. Totalmente restaurado en 1997, es el más encantador de los pasajes cubiertos de París.

Terminaremos por el más antiguo, el de Panoramas que comunica los Grandes Bulevares y la Grange Batelière. Se beneficia de la luz del día gracias a su gran cristalera y sigue siendo la referencia de los filatelistas.

Los otros, como el pasaje Verdeau, el del Grand-Cerf, el Molière, el Vendome... tienen su personalidad, su encanto y su clientela.

Los pasajes parisinos, estos pequeños agujeros entre los edificios conservan todo su misterio... la prueba es que muy astuto tiene que ser el que sepa decir dónde comienzan y dónde terminan... ¡usted tiene que descubrirlo!

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